Los clientes también gritaban, esquivando llamas, corriendo hacia el pasillo que conducía a los aseos y el despacho de Sam, hasta la salida trasera que daba al aparcamiento. Una de nuestras clientas fijas, Jane Bodehouse, sangraba profusamente, la mano apretada contra el cráneo magullado. Había estado cerca de la ventana, que no era su lugar habitual en el bar, así que imaginé que se había cortado con los cristales rotos. Jane trastabilló y se habría caído si no la hubiese cogido del brazo.

– Ve por ahí -le grité al oído y la empujé en la dirección correcta. Sam estaba luchando por extinguir el foco más intenso, apuntando con el extintor a su base como mandan los cánones, pero las servilletas que habían salido volando estaban provocando más focos secundarios. Cogí las jarras de agua y de té de la barra y empecé a rociar metódicamente las llamas del suelo. Las jarras estaban llenas y conseguí vaciarlas con gran eficiencia.

Una de las cortinas estaba ardiendo. Avancé tres pasos, apunté con cuidado y arrojé el té que me quedaba. La llama no pareció verse muy afectada. Cogí un vaso de agua de una de las mesas y me acerqué al fuego más de lo que me hubiera gustado. Sin dejar de dar respingos, vertí el líquido por la cortina en llamas. Noté calor a mi espalda y un olor repugnante. Una poderosa ráfaga química me provocó una extraña sensación en la espalda. Me giré para averiguar de qué se trataba y vi a Sam dando vueltas con el extintor.

Me encontré mirando la cocina desde el pasa-platos. Antoine, el cocinero, estaba apagando todos los aparatos. Chico listo. Podía oír el camión de bomberos en la distancia, pero estaba demasiado ocupada lidiando con las llamas que iban aflorando como para sentirme aliviada. Mis ojos, anegados de lágrimas por el humo y los productos químicos, miraban frenéticamente en todas direcciones en busca de conatos de incendio mientras la tos se apoderaba de mis pulmones. Sam había corrido a su despacho en busca del segundo extintor y ya estaba de vuelta con el artilugio preparado. Intercambiamos posiciones, listos para saltar a la acción a la mínima llama.



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