– Cielo, tenemos otras cosas en las que pensar -indiqué, forzándome a sonreír y a sonar tranquila. Un rincón de mi mente visualizó una ambulancia rosa frenando bruscamente en el exterior para descargar un contingente de esteticistas con sus maletines de tijeras, peines y laca para el pelo -. Arreglar un poco de pelo quemado puede esperar hasta mañana. Es mucho más importante descubrir quién ha hecho esto y por qué.

Eric lanzó una dura mirada a Sam, como si fuese responsable del ataque.

– Sí, su bar es mucho más importante que tu seguridad y bienestar -dijo. Sam se quedó pasmado ante tal increpación y un conato de enfado empezó a prender en su rostro.

– Si Sam no hubiese actuado tan rápidamente con el extintor, todos habríamos acabado bastante mal -expliqué sin perder la calma y la sonrisa-. De hecho, tanto el bar como sus ocupantes habrían acabado muy mal. -Me estaba quedando sin falsa serenidad y, por supuesto, Eric se percató.

– Te voy a llevar a casa -decretó.

– No hasta que yo termine de hablar con ella. – Bud demostró un valor considerable. Eric ya era lo bastante temible cuando se encontraba de «buen» humor, nada que ver cuando sacaba los colmillos, como en ese preciso momento. Es lo que tienen las emociones fuertes en un vampiro.

– Cielo -dije, conteniéndome con gran esfuerzo. Cogí a Eric por la cintura y volví a intentarlo-. Cielo, Bud y Truman son los que mandan aquí y tienen sus propias normas. Estoy bien. – A pesar de mis temblores, que, por supuesto, él podía sentir.

– Estabas asustada -afirmó Eric. Estaba furioso porque me hubiese pasado algo que no había podido impedir.

Contuve el suspiro que me causó tener que ejercer de niñera de las emociones de Eric cuando lo que deseaba era tener mi propia crisis nerviosa. Los vampiros son de los seres más posesivos cuando reclaman la propiedad de alguien, pero también se obsesionan con fundirse con la población humana y no causar problemas innecesarios. Aquélla era una reacción excesiva.



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