Bud me preguntó lo mismo varias veces de varias maneras distintas, pero no pude ayudarlo más de lo que ya lo había hecho.

– ¿Por qué crees que alguien le haría esto al Merlotte’s y a Sam? -preguntó Bud.

– No lo comprendo -dije-. Bueno, hubo algunos manifestantes de la iglesia en el aparcamiento hace varias semanas. Sólo han vuelto una vez desde entonces. No puedo imaginarme a ninguno de ellos haciendo…, ¿era eso un cóctel molotov?

– ¿Cómo sabes de esas cosas, Sookie?

– Bueno, primero porque leo libros. Segundo, porque Terry no habla mucho sobre la guerra, pero de vez en cuando comenta algo sobre las armas. -Terry Bellefleur, el primo del detective Andy Bellefleur, era un veterano de Vietnam condecorado y traumatizado. Solía encargarse de la limpieza del bar cuando todo el mundo se había marchado y, de vez en cuando, sustituía a Sam. A veces se quedaba allí observando el ir y venir de las personas. Su vida social no era muy dilatada.

Tan pronto como Bud se declaró satisfecho, Eric y yo nos dirigimos hacia mi coche. Cogió las llaves de mi mano temblorosa. Ocupé el asiento del copiloto. Él tenía razón. No debía conducir hasta que me recuperase del shock.

Eric había estado hablando por el móvil mientras Bud me interrogaba, y lo cierto es que no me sorprendió demasiado ver un coche aparcado enfrente de mi casa. Era el de Pam, y venía con un acompañante.

Eric fue hasta la parte de atrás, donde suelo aparcar, y me deslicé fuera del coche para apresurarme a abrir la puerta delantera. Eric me siguió con paso tranquilo. No habíamos intercambiado una sola palabra en el corto viaje. Estaba preocupado y aún lidiaba con su propio temperamento. Yo estaba conmocionada a causa del incidente. Ya me sentía un poco yo misma de nuevo mientras me asomaba al porche y decía:

– ¡Adelante!



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