Se salvó, sin embargo, de tener que decir nada debido al siguiente comentario de Miranda.

– Creo que es este pelo castaño.

Él alzó las cejas.

– No está para nada a la moda -explicó Miranda-. Y tampoco mis ojos castaños. Soy con mucho demasiado delgada, y mi cara es demasiado alargada, y también soy demasiado pálida.

– Bueno, eso es verdad -dijo Turner.

Miranda se giró para mirarlo, sus ojos grandes y tristes en su cara.

– Ciertamente tienes los ojos y el cabello castaños. No hay sentido en decir lo contrario. -Inclinó la cabeza y fingió examinarla completamente-. Eres algo delgada, y tu cara es de hecho un poco alargada. Y definitivamente eres pálida.

Los labios le temblaron, y Turner no pudo tomarle más el pelo.

– Pero da la casualidad -dijo con una sonrisa-, que yo mismo prefiero las mujeres con el pelo y los ojos castaños.

– ¡No es verdad!

– Lo es. Siempre las he preferido. También me gustan delgadas y pálidas.

Miranda lo miró con recelo.

– ¿Y qué hay de con caras alargadas?

– Bien, debo admitir que nunca he pensado mucho en eso, pero ciertamente no me importa una cara alargada.

– Fiona Bennet dijo que tengo los labios grandes -dijo casi desafiante.

Turner se tragó una sonrisa.

Ella suspiró pesadamente.

– Nunca me había dado cuenta de que tenía los labios grandes.

– No son tan grandes.

Ella le lanzó una recelosa mirada.

– Sólo dices eso para hacerme sentir mejor.

– En realidad sí que quiero que te sientas mejor, pero no lo digo por eso. Y la próxima vez que Fiona Bennet te diga que tienes los labios grandes, dile que se equivoca. Que tienes los labios plenos.

– ¿Cuál es la diferencia? -le miró impaciente, sus oscuros ojos serios.



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