
Le dije a todos que yo consideraba un deber ayudar a Pablito y que haría lo mismo por cualquiera de ellos.
– ¿De veras crees que puedes salirte con la tuya? -me preguntó la Gorda, con los ojos llameando de ira.
Yo quería rugir de rabia, como una vez lo hice en su presencia, pero las circunstancias eran distintas. No podía hacerlo.
– Me voy a llevar a Josefina -avisé-. Soy el nagual.
La Gorda juntó a las tres hermanitas y las escudó con su propio cuerpo. Estaban a punto de tomarse de las manos. Algo en mí sabía que, de hacerlo, su fuerza combinada sería terrible y mis esfuerzos por llevarme a Josefina resultarían inútiles. Mi única oportunidad consistía en atacar antes de que ellas pudieran agruparse. Empujé a Josefina con las palmas de las manos y la lancé tambaleándose hasta el centro del cuarto. Antes de que tuvieran tiempo de agruparse, golpeé a Lidia y a Rosa. Se doblaron, adoloradas. La Gorda vino hacia mí con una furia que jamás le había visto. Toda su concentración se hallaba en un solo impulso de su cuerpo. De haberme golpeado habría acabado conmigo. Por centímetros no me atinó en el pecho. La atrapé por detrás con un abrazo de oso y caímos al suelo. Rodamos y rodamos hasta quedar completamente exhaustos. Su cuerpo se relajó. Empezó a acariciar el dorso de mis manos, que se hallaban fuertemente apretadas en torno a su estómago.
Vi a Néstor y Benigno junto a la puerta. Los dos parecían estar a punto de vomitar.
La Gorda sonrió tímidamente y me susurró al oído que estaba muy bien el que yo la hubiera dominado.
Me llevé a Josefina con Pablito. Creí que ella era la única de los aprendices que genuinamente necesitaba a alguien que la cuidara, y a la que menos detestaba Pablito. Estaba seguro de que el sentido de caballerosidad de Pablito lo forzaría a auxiliarla cuando ella lo necesitara.
Un mes después volví nuevamente a México. Pablito y Josefina habían regresado. Vivían juntos en la casa de don Genaro, y la compartían con Benigno y Rosa. Néstor y Lidia vivían en la casa de Soledad, y la Gorda habitaba sola en la casa de las hermanitas.
