– No, esta… bueno… -Pestañeó exasperada; ¿cómo había llegado a esto su vida?-. Supongo que no querrías ayudarme a sacar un cuadro de la galería.

– Un cuadro.

Ella asintió.

– De la galería.

Ella volvió a asentir.

– Supongo que no habrá pedido uno de esos cuadrados relativamente pequeños.

– ¿Los bodegones?

Él asintió.

– No. -Puesto que él no hacía ninguna pregunta, añadió-: Quiere el retrato de tu tío.

– ¿De cuál?

– John.

Él asintió, sonriendo levemente, aunque sin humor.

– Siempre fue su favorito.

– Pero tú no lo conociste -dijo Grace, por la forma como él dijo eso, casi como si hubiera sido testigo de ese favoritismo.

– No, claro que no. Murió antes que yo naciera. Pero mi padre hablaba de él.

Su expresión decía claramente que no deseaba hablar más de ese tema. Y a ella no se le ocurrió nada más que decir, así que continuó donde estaba, esperando que él ordenara sus pensamientos.

Y al parecer él los ordenó, porque volviendo a mirarla le preguntó:

– ¿No es de cuerpo entero ese retrato?

Ella se imaginó descolgándolo de la pared.

– Creo que sí.

Le dio la impresión de que se iba a girar en dirección a la galería, pero entonces apretó las mandíbulas y se transformó nuevamente en el imponente duque.

– No -dijo, rotundamente-. No le vas a llevar ese cuadro esta noche. Si desea el maldito retrato en su dormitorio, puede ordenarle a un lacayo que se lo lleve por la mañana.

Grace deseó sonreír ante esa actitud protectora, pero ya estaba demasiado cansada. Además de eso, tratándose de la viuda, hacía muchísimo tiempo que había aprendido a seguir el camino de la menor resistencia.

– Te aseguro que nada deseo más que irme a acostar en este mismo instante, pero es más fácil complacerla.

– De ninguna manera -dijo él imperioso.

Sin esperar respuesta, comenzó a subir la escalera. Grace se quedó un momento observándolo y luego, encogiéndose de hombros, se dirigió a la galería. No podía ser tan difícil sacar un cuadro de una pared, ¿verdad?



18 из 269