
– ¿Y qué? El tío es un yonqui. Los yonquis se roban entre ellos. Seguramente la navaja se la llevaron sus colegas.
Con las manos enguantadas, Sakai enrolló las mangas de la camisa del muerto, dejando al descubierto una red de cicatrices en ambos brazos: viejas señales de pinchazos y cráteres que eran el resultado de abscesos e infecciones. En el pliegue del codo izquierdo había un pinchazo fresco y una gran hemorragia amarilla y violácea bajo la piel.
– Voila -dijo Sakai-. El tío se metió una mierda en el brazo y la diñó. Yo ya decía que era un caso de sobredosis, Bosch. Hoy te podrás ir a casa temprano y ver a los Dodgers.
Bosch se inclinó otra vez para examinar el brazo más de cerca.
– Eso me dice todo el mundo -comentó.
Sakai probablemente tenía razón, pensó Bosch, pero aún no quería dar carpetazo al caso. Había demasiados cabos sueltos: la ausencia de huellas en la tubería, la camisa sobre la cabeza, el dedo roto, la falta de navaja.
– ¿Por qué todas las marcas son antiguas excepto ésa? -preguntó Bosch, más para sí mismo que para Sakai.
– ¿Quién sabe? -respondió el ayudante del forense-. Quizá llevaba un tiempo desenganchado y decidió volverse a chutar. Un yonqui es un yonqui, tío. No busques más razones.
Mientras examinaba las cicatrices, Bosch se fijó en mu marca de tinta azul sobre la piel del bíceps izquierdo. La camisa enrollada le impedía ver lo que ponía.
– Súbele la manga -dijo Bosch, señalando con el dedo.
Sakai lo arremangó hasta el hombro, revelando un tatuaje azul y rojo. El dibujo era el de una rata, estilo tebeo, con una sonrisa malévola, dentuda y vulgar. La rata estaba de pie sobre las patas traseras; sostenía una pistola en una mano, y en la otra una botella de licor marcada «XXX». Sakai intentó leer las palabras azules que había encima y debajo del dibujo, a pesar de que estaban parcialmente borradas por el tiempo y el estiramiento de la piel.
– «Primura», no, «Primero». «Primero de Infantería.» Este tío estuvo en el ejército. La parte de abajo no la entien…, espera, está en otro idioma. «Non… Gratum… Anum… Ro…» El final no se lee.
