– Rodentum -dijo Bosch.

Sakai lo miró.

– Es latín macarrónico. Significa: «Peor que el culo de una rata» -explicó Bosch-. Este hombre era una rata de los túneles. En Vietnam.

– Ah -dijo Sakai, mirando a su alrededor-. Pues al final ha acabado en un túnel. Bueno, más o menos.

Bosch alargó la mano hasta el rostro del hombre muerto y le apartó los rizos canosos de la frente y de los ojos sin expresión. Este gesto, sin guantes, hizo que los demás dejasen sus tareas y contemplaran un comportamiento tan extraño como antihigiénico. Bosch no les prestó atención; se quedó mirando aquella cara durante un buen rato, ajeno al mundo. En cuanto se dio cuenta de que conocía ese rostro tan bien como el tatuaje, le asalte la imagen de un hombre joven: huesudo y moreno, con el pelo rapado. Vivo, no muerto. Entonces se puso en pie y se volvió rápidamente.

Aquel movimiento tan brusco e inesperado le hizo chocar con Jerry Edgar, que finalmente había llegado y se disponía a examinar el cadáver. Los dos dieron un paso atrás, momentáneamente aturdidos. Bosch se llevó una mano a la frente, mientras Edgar, que era mucho más alto, se palpaba la barbilla.

– ¡Mierda, Harry! -exclamó Edgar-. ¿Estás bien?

– Sí. ¿Y tú?

Edgar se miró la mano para ver si sangraba. -Sí, perdona. ¿Por qué has pegado ese salto? -No lo sé.

Bosch empezó a alejarse del grupo y su compañero lo siguió, después de echarle un vistazo rápido al cadáver.

– Lo siento, Harry -se disculpó Edgar-. He tenido que esperar una hora a que alguien viniera a sustituirme. Dime qué has encontrado.

Mientras hablaba, Edgar seguía frotándose la mandíbula.

– Aún no estoy seguro -le respondió Bosch-. Quiero que busques uno de esos coches patrulla con un terminal conectado al ordenador central. Uno que funcione. A ver si consigues los antecedentes de Meadows,



19 из 413