
El zievatrón en sí ocupaba la mayor parte de la cámara. Técnicos de bata blanca se movían por rampas elevadas situadas a lo largo de su amplia superficie, haciendo ajustes.
La mayoría de los técnicos se había acercado a saludar a Dennis cuando llegó. Obviamente, se sentían aliviados de tenerlo de vuelta. La reunión informativa le mantuvo apartado de su amada máquina durante casi una hora y había irritado enormemente a Bernald Brady.
Cuando, por fin, Dennis pudo ponerse a trabajar, se concentró en las dos enormes sondas de realidad. En el lugar donde se encontraban, allá en las entrañas de la máquina, había un lugar en el espacio que no era exactamente aquí ni ningún otro sitio. El punto anómalo podía oscilar entre la Tierra y Otra Parte, dependiendo de qué sonda dominase.
Seis meses antes, había una pequeña portilla por la que podían sacarse muestras de las brumas púrpura y las extrañas nubes de polvo que el doctor Guinasso y él habían encontrado. Pero desde entonces había sido sustituida por una enorme compuerta blindada.
Trabajando cerca de la gruesa escotilla, Dennis advirtió que todo lo que una persona tenía que hacer era atravesar esa puerta para estar en otro mundo. Era una extraña sensación.
—¿Todavía atascado, Nuel?
Dennis alzó la cabeza. La pequeña boca de Bernald Brady siempre parecía estar levemente arrugada en un gesto de desaprobación. El tipo tenía instrucciones de cooperar, pero eso al parecer no incluía ser educado.
Dennis se encogió de hombros.
—He acotado el problema. Hay algo estropeado en la parte del zievatrón que ha sido introducida en el mundo anómalo: el mecanismo de regreso. Tal vez la única forma de arreglarlo sea desde el otro extremo.
Se había dado cuenta de que Marcel Flaster se la jugaba al ponerle a cargo del laboratorio. Si no podía dilucidar una forma de arreglarlo desde aquel lado, Dennis tendría que entrar y arreglar personalmente el mecanismo de regreso.
