»Usted, muchacho —dijo, señalando a Dennis—. ¿Puede decirme dónde está su centroide?

—Umm. —Dennis se lo pensó, aturdido. Al parecer no había escuchado con tanta atención—. Supongo que me lo he dejado en casa, señor.

Los otros posdoctorados sentados al fondo de la sala se echaron a reír. El sonrojo de Gabbie se hizo más profundo. Se hundió en su asiento, deseando obviamente encontrarse en cualquier otra parte.

El científico jefe sonrió vagamente.

—Ah, Nuel, ¿verdad? ¿Doctor Dennis Nuel?

Dennis captó que, al otro lado del pasillo, Bernald Brady disfrutaba con aquella situación. El joven alto y de ojos de sabueso había sido su mayor rival hasta que consiguió apartar por completo a Dennis de la actividad en el principal laboratorio de zievatrónica. Brady dirigió a Dennis una sonrisa de pura bilis.

Dennis se encogió de hombros. Después de lo que había sucedido en los últimos meses, le parecía que tenía poco que perder.


—Uh, sí, señor, doctor Flaster. Es muy amable al recordarme. Puede que recuerde también que solía ser subdirector del Laboratorio Uno.

Gabriella se hundió todavía más en la tapicería, intentando con todas sus fuerzas hacer como que no había visto a Dennis antes en toda su vida.

Flaster asintió.

—Ah, sí. Ahora recuerdo. De hecho, su nombre ha aparecido sobre mi mesa recientemente.

La cara de Bernald Brady se iluminó. Claramente, nada le complacería tanto como ver a Dennis enviado a una lejana misión para recolectar muestras… digamos a Groenlandia o a Marte. Mientras se quedara, Dennis representaba una amenaza a la implacable tendencia de Brady a solicitar favores y escalar en la pirámide burocrática. También, sin pretenderlo realmente, Dennis parecía ser un obstáculo para las románticas ambiciones de Brady respecto a Gabriella.

—En cualquier caso, doctor Nuel —continuó Flaster—, sin duda alguna no puede haber «dejado» su centroide en ninguna parte. Creo que, si lo comprueba, lo encontrará cerca de su ombligo.



3 из 316