Dennis se miró la hebilla del cinturón, y luego le sonrió al director.

¡Vaya, pues si! ¡Puede estar seguro de que lo vigilaré mejor en el futuro!

—¡Es decepcionante descubrir —dijo Flaster, adoptando un afectado tono pasional—, que alguien tan diestro con una honda improvisada sabe tan poco sobre centros de masa!

Se estaba refiriendo claramente al incidente de la semana pasada, en el baile de gala del personal, cuando una desagradable criatura voladora atravesó una ventana, aterrorizando a la gente congregada en torno al ponche. Dennis se quitó el cinturón, lo convirtió en una honda y lanzó un vaso para derribar a la criatura parecida a un murciélago antes de que pudiera herir a nadie con su afilado pico.

La improvisación lo convirtió en el héroe del momento de los posdoctorados y técnicos, a hizo que Gabbie iniciara su actual campaña para «salvar su carrera». Pero en ese momento todo lo que él quería era echar un vistazo de cerca a la pequeña criatura. La breve ojeada que pudo echarle hizo que su mente bullera llena de posibilidades.

La mayoría de los asistentes al baile habían supuesto que era un experimento escapado del Centro Genético, situado en el extremo opuesto del instituto. Pero Dennis no pensaba igual.

¡Una mirada le había bastado para saber que aquella cosa, claramente, no procedía de la Tierra!

Hombres taciturnos de Seguridad llegaron rápidamente y se llevaron al aturdido animal. De todas formas, Dennis estaba seguro de que procedía del Laboratorio Uno… su antiguo laboratorio, donde se conservaba el principal zievatrón, ahora fuera del alcance de todo el mundo menos de los enchufados escogidos por Flaster.

—Bueno, doctor Flaster —aventuró Dennis—, ya que saca el tema, estoy seguro de que todos estamos interesados en el centroide de esa pequeña alimaña que se coló en la fiesta. ¿Puede decirnos por fin qué era?



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