De repente, se hizo el silencio en la sala de conferencias. Desafiar al científico jefe delante de todo el mundo era poco convencional. Pero a Dennis ya no le importaba. Sin ninguna razón aparente, aquel hombre le había apartado del trabajo de su vida. ¿Qué más podía hacerle Flaster?

Flaster lo miró sin expresión. Finalmente, asintió.

—Venga a mi despacho una hora después del seminario, doctor Nuel. Le prometo que responderé entonces a todas sus preguntas.

Dennis parpadeó, sorprendido. ¿Lo decía en serio?

Asintió, indicando que estaría allí, y Flaster se volvió hacia su holoboceto.

—Como decía —continuó—, una anomalía de realidad psicosomática tiene su inicio cuando rodeamos un centro de masa con un campo de improbabilidad que…

Cuando la atención se apartó por completo de ellos, Gabriella susurró una vez más al oído de Dennis.

—¡Ahora sí que la has hecho!

—¿Mmm? ¿Hecho qué? —La miró inocentemente.

—¡Como si no lo supieras! —replicó ella—. ¡Va a enviarte a la depresión Qattara a contar granos de arena! ¡Ya verás!


En aquellas raras ocasiones en que se acordaba de corregir su postura, Dennis Nuel se alzaba un poco por encima de la media. Vestía de forma despreocupada… algunos dirían que iba hecho un desastre. Llevaba el pelo levemente demasiado largo para lo que se estilaba, más por una vaga obstinación que por ninguna convicción real.

El rostro de Dennis a veces adoptaba esa expresión soñadora asociada en ocasiones con el genio o con una inspirada aptitud para las bromas pesadas. En realidad era demasiado perezoso para ser calificado de genio, y tenía demasiado buen corazón para lo segundo. Tenía el pelo castaño rizado y ojos marrones, ahora un poco enrojecidos por una partida de póquer que le había entretenido hasta muy tarde la noche anterior.



5 из 316