Seguía sin tener ni idea de por qué Flaster le había hecho ir allí. No quería ser desagradable, así que informó sobre los recientes y modestos avances que había logrado su grupito.

—Bueno, ha habido algunos progresos. Recientemente hemos desarrollado un nuevo programa mimético de alta calidad. En pruebas telefónicas conversó con individuos seleccionados durante una media de seis punto tres minutos antes de que éstos sospecharan que estaban hablando con una máquina. Rich Schwall y yo pensamos…

—¡Seis minutos y medio! —lo interrumpió Flaster—. ¡Bueno, desde luego han batido el viejo récord superándolo en más de un minuto, creo! ¡Estoy impresionado!

Entonces Flaster sonrió, condescendiente.

—Pero sinceramente, Nuel, no creerá que he asignado a un joven científico de sus obvios talentos a un proyecto con un potencial de tan corto alcance por ningún motivo, ¿verdad?

Dennis sacudió la cabeza. Hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que el científico jefe lo había largado a un rincón del Tecnológico Sahariano para poner a sus propios enchufados en el laboratorio de zievatrónica.

Hasta la muerte de su antiguo mentor, el doctor Guinasso, Dennis había estado en el mismo centro del excitante campo del análisis de realidades.

Entonces, semanas después de la tragedia, Flaster introdujo a su propia gente y desterró a los de Guinasso. Pensar en ello seguía amargando a Dennis. Estaba seguro de que se hallaban a punto de hacer descubrimientos cruciales cuando lo apartaron del trabajo que amaba.

—La verdad es que no pude imaginar por qué me trasladaron —dijo Dennis—. Umm, ¿me estaba reservando para cosas mejores, quizá?

Ajeno al sarcasmo, Flaster sonrió.

—¡Exactamente, muchacho! Demuestra una capacidad de observación notable. Dígame, Nuel. Ahora que ha adquirido experiencia en un departamento pequeño, ¿qué le parecería hacerse cargo del proyecto zievatrónico aquí, en el Tecnológico Sahariano?



7 из 316