
– Misterio doméstico -dijo Tuilot aparentemente divertido-. Eso es porque tengo dos pequeños inquilinos, Toni y Marie, una buena parejita, cariñosos como pocos, se aman de verdad. Pero a mi señora no le caen bien, lo crea o no. No hay que hablar mal de los muertos, pero la verdad es que lo intentó todo para matármelos. ¡Y yo llevo tres años desbaratando sus tretas! Lógico y astuto, ése es el secreto. Mi pobre Lucette, nunca podrás vencer a un campeón de crucigramas, le decía yo. Esos dos y yo hacemos un buen trío; saben que pueden contar conmigo, y yo con ellos. Una visita cada noche. Como son muy listos y muy delicados, nunca vienen antes de que Lucette se haya ido a la cama. Saben perfectamente que los espero, vamos. Toni siempre llega antes, es más grande, más fuerte.
– ¿Se comieron ellos la miga? ¿Cuando el pan estaba en la basura?
– Les encanta.
Adamsberg echó una ojeada al crucigrama, que no le pareció tan fácil, y apartó el periódico.
– ¿Quiénes son ellos, señor Tuilot?
– No me gusta hablar del tema, la gente lo desaprueba. La gente es muy cerrada.
– ¿Animales? ¿Perros, gatos?
– Ratas. Toni es más pardo que Marie. Se quieren tanto que, a menudo, en pleno banquete, lo interrumpen para acariciar la cabeza del otro con las patas. Si la gente no fuera tan limitada, vería espectáculos como ése. Marie es la más despierta de los dos. Después de la comida, se me sube encima del hombro y me pasa las zarpas por el pelo. Me peina, por así decirlo. Es su manera de darme las gracias. O de quererme, a saber. El caso es que reconforta. Y luego, después de decirnos montones de cosas cariñosas, nos despedimos hasta la noche siguiente. Se vuelven al sótano por el agujero que hay detrás del bajante. Un día, Lucette lo tapó todo con cemento. Pobre Lucette. No sabe hacer cemento.
– Entiendo -dijo Adamsberg.
El viejo le recordaba a Félix, que podaba viñas a ochocientos kilómetros de allí. Había domesticado una culebra con leche. Un día, un tipo mató a la culebra. Entonces Félix mató al tipo. Adamsberg volvió a la habitación, donde el teniente Justin velaba a la muerta en espera del médico.
