– Que le diviertas, Will. Ya me darás las gracias más adelante.

Will se metió a la cocina para buscar unos trapos y limpió después el barro que Claire O'Connor había dejado en el vestíbulo. Los zapatos estaban destrozados, pero le secaría las maletas y se las llevaría a su habitación.

Al subir, vio que la puerta estaba ligeramente entreabierta y llamó suavemente.

– ¿Señorita O'Connor?

Nadie respondió. Will se asomó al interior y encontró la habitación vacía. Dejó las maletas al lado de la cama y se volvió de nuevo hacia la puerta. Y en el proceso, miró hacia el interior del cuarto de baño. Se quedó sin respiración. La puerta estaba suficientemente abierta como para permitirle ver a Claire tumbada en la bañera.

Lo último que él pretendía era violar su intimidad. Pero vio que se había quedado dormida con la cabeza apoyada en el borde de la bañera.

Se había apartado el pelo de la cara y a Will le impresionó la delicadeza de aquel perfil de nariz respingona y labios generosos. Se fijó en las pequeñas pecas que cubrían sus mejillas. Y su mirada descendió hacia los senos que sobresalían en el agua de la bañera.

El deseo elevó la temperatura de su cuerpo y tuvo que luchar contra el impulso de acercarse. Como propietario de la posada, tenía ciertas normas éticas que mantener y espiar a una huésped mientras estaba en la bañera no entraba dentro de lo aceptable. Pero, ¿y si Sorcha tenía razón? ¿Qué ocurriría en el caso de que aquella mujer estuviera destinada a ser suya?

La chica se movió ligeramente, suspiró y se hundió un poco más en la bañera. Will retrocedió y agarró las maletas para dejarlas más cerca de la puerta. Cuando llegó al pasillo, tomó aire y se apoyó contra la pared. Si el agua desbordaba la bañera, tendría una razón para volver, pero de momento, se quedaría en el pasillo.

La imagen del cuerpo desnudo de Claire O'Connor continuaba dándole vueltas en la cabeza. Sintió cómo su miembro se endurecía al pensar en acariciarla, y gimió frustrado. Por supuesto, había pasado mucho tiempo desde la última vez. Y, de vez en cuando, se deleitaba imaginando que llegaba una huésped atractiva y sin inhibiciones e intentaba seducirle. Pero jamás había pensado en hacer realidad aquella fantasía.



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