Claire sacó un frasco de loción hidratante de la maleta y apoyó el pie en el borde de la cama para empezar a aplicarse el producto en las piernas. Si se hubiera tratado de cualquier otro hombre, ni siquiera habría pensado en él. Al fin y al cabo, hacía sólo un día que su relación con Eric había terminado. Y ella había volado hasta allí para intentar salvar aquella relación.

Estaba en un país extranjero y, por supuesto, eso favorecía el que encontrara interesante a un tipo como Will Donovan. Quizá incluso un poco exótico. Aquel acento, el sonido de su nombre en los labios, la forma en la que había fijado la mirada en su boca y en sus ojos… Pero desear a otro hombre en aquel momento sería una pérdida de tiempo. Había ido hasta allí para salvar su relación con Eric. Al fin y al cabo. Eric y ella estaban hechos el uno para el otro.

Claire lo había sabido desde el primer momento. Durante toda su vida, había estado esperando que llegara el hombre perfecto. Incluso había hecho una lista de todos los atributos que debería encontrar en un hombre, y Eric cumplía hasta el último requisito.

La planificación y las listas detalladas habían sido una de las especialidades de Claire desde que era adolescente. Probablemente, cualquier psicólogo le diría que aquélla había sido su manera de enfrentarse a su caótica infancia. Habla crecido en una casa diminuta con cinco hermanos mayores y unos padres que apenas controlaban a los chicos.

De modo que Claire buscaba refugio muchas veces en casa de su abuela, en la que todo estaba limpio y ordenado. Una casa en la que era posible hablar de asuntos importantes, como los planes que tenía para su vida. Su abuela la había animado a escribir un diario.

– Sólo cuando las escribes, las cosas se hacen realidad -le había dicho su abuela.

Más adelante, a medida que hablan ido realizándose cada uno de sus sueños. Claire había ido poniéndoles una marca en el diario, indicando que ya estaban cumplidos.



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