Dejó el frasco de loción en la cama y se puso a deshacer el equipaje. Encontró las píldoras anticonceptivas en el bolsillo de unos pantalones y se metió una en la boca. Eric y ella volverían a estar juntos. No podía perder la fe en ello.

Al pasar por los ventanales de una de las paredes, la corriente la hizo estremecerse. Tomó una cerilla de la repisa de la chimenea y prendió el papel arrugado que habían dejado preparado bajo los troncos. El calor del fuego comenzó a caldear su piel y un intenso olor a madera quemada se extendió en el aire. Pero, al mismo tiempo, la habitación comenzó a llenarse de humo. Claire comprendió que no había abierto el tiro de la chimenea y buscó rápidamente un tirador o una palanca.

No encontró nada en la parte exterior de la chimenea y era imposible verla por dentro por culpa del humo. Corrió a la ventana, la abrió y se quitó la toalla en la que estaba envuelta para comenzar a ventilar la habitación.

Pero continuaba saliendo humo de la chimenea, así que comenzó a golpear el fuego con la toalla húmeda. Y ya casi había conseguido apagarlo cuando se activó la alarma.

Un segundo después, Will Donovan entraba en la habitación con un extintor en la mano. Claire soltó un grito mientras intentaba ocultar su cuerpo desnudo detrás de la toalla achicharrada.

– ¿Qué demonios está pasando aquí? -con tres grandes zancadas, Will se acercó hasta la chimenea y apagó los restos del fuego con el extintor. Se volvió preocupado hacia ella-. ¿Está usted bien?

– Sí -contestó Claire-. Pero… ¿cómo se les ha ocurrido dejar la chimenea preparada sin abrir el tiro?

Will la miró fijamente, y comenzó a deslizar la mirada por su cuerpo. Claire apretó la toalla con fuerza contra su pecho.

– ¿Cómo se le ocurre a alguien encender una chimenea sin comprobar antes si estaba el tiro abierto?



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