
– Hacía… mucho frío -replicó ella.
– La ventana está abierta.
Cruzó la habitación y la cerró. Claire fue correteando hasta la pared más cercana para apoyarse contra ella. Will agarró la colcha de la cama y se la tendió. Vacilante. Claire dio un paso al frente. Will la cubrió con la colcha.
– Supongo que tendré que darle otra habitación -musitó mientras le frotaba delicadamente los brazos-. No puede dormir aquí.
– Lo siento -contestó ella, arriesgándose a mirarle.
Las lágrimas de frustración que habían comenzado a acumularse en sus ojos amenazaban con desbordarse. Estaba cansada, tenía frío, su vida se había convertido en un auténtico desastre y lo único que de verdad le apetecía era arrastrarse hasta la cama y pasarse dos días llorando.
Will bajó la mirada y sus ojos se encontraron. Claire abrió la boca para hablar, para disculparse por su estado emocional, pero de pronto, era incapaz de recordar lo que pretendía decir. Se oyó tomar aire mientras la mirada de Will descendía hasta sus labios. Supo lo que estaba a punto de pasar y, sencillamente, se limitó a esperar.
– ¿Está segura de que está bien? -preguntó Will, inclinándose hacia ella.
A Claire comenzó a latirle violentamente el corazón. Cerró los ojos, intentando mantener la compostura. Pero Will interpretó su reacción como un gesto de aliento y, casi inmediatamente, cubrió sus labios. No fue el típico primer beso, torpe y un poco vacilante, sino que la besó como si llevara años haciéndolo. Se apoderó de su boca como si siempre le hubiera pertenecido, acariciándole la lengua con la suya e invitándola a responder.
El beso pareció prolongarse durante una eternidad. Iba haciéndose más apasionado y más profundo a medida que continuaba. Claire no podía recordar la última vez que la habían besado de aquella manera, con tan temerario abandono y desinhibida intensidad. Sintió sus manos deslizándose por sus hombros y caderas y gimió mientras presionaba las caderas contra él. Will enmarcó su rostro con las manos. Ella no quería que aquello terminara, no quería que el placer que brotaba de lo más profundo de su cuerpo se detuviera, pero, al mismo tiempo, sabía que besar a un desconocido llevando solamente una colcha encima era un error.
