
Cuando por fin se apartó, tragó saliva, tomó aire y abrió los ojos. Descubrió a Will mirándola fijamente, con expresión de absoluta perplejidad.
– Dios mío -musitó. Retrocedió y se pasó la mano por el pelo-. Qué demonios…
Claire tragó saliva y sujetó con fuerza la colcha contra ella.
– ¿Por… por qué ha hecho eso?
– No lo sé -contestó-. Sólo… -maldijo suavemente-. No lo sé. ¿No quería que lo hiciera? Porque tenía la sensación de que sí. ¿O acaso me he equivocado?
– No -respondió Claire-. Quiero decir, sí. Solamente me ha sorprendido, eso es todo. No… no me lo esperaba.
– ¿Pero le ha gustado? Por favor, dígame si le ha gustado.
Claire pensó durante unos segundos la respuesta. ¿Debería decirle la verdad?
– Sí -dijo por fin.
– Estupendo -una sonrisa curvó sus labios-. Supongo que tendré que dejar que se vista -miró a su alrededor-. No va a volver a encender ningún fuego, ¿verdad, señorita O'Connor?
Claire negó con la cabeza.
– No, ahora no. Y no me llame señorita O'Connor. Porque teniendo en cuenta que acaba de… bueno, ya sabe. Llámame Claire -le tuteó.
– De acuerdo. Bueno, deja el fuego para más tarde. Claire -le dijo y asintió-. Si tienes hambre, tengo preparada la cena. Y después te daré otra habitación. Más caliente -arrugó la nariz-. Y que no huela a humo.
– Gracias -contestó Claire.
Will retrocedió, pero antes alargó la mano para retirarle un mechón de pelo de los ojos. Cuando la puerta se cerró tras él. Claire se dejó caer en la cama. La habitación continuaba oliendo a humo y, por un instante, se preguntó si lo que había pasado no habría sido una mala pasada de su fantasía.
