
Se llevó la mano a los labios y los encontró húmedos. ¿Cómo se suponía que tenía que reaccionar ante aquel inquietante giro de los acontecimientos? No se sentía indignada ni ofendida. Y tampoco culpable o avergonzada. La verdad era que había experimentado una sensación muy agradable, una sensación que llevaba mucho tiempo sin experimentar.
Definitivamente, había una fuerte atracción entre ellos. ¿Pero qué mujer no se sentiría atraída por un hombre como él? Will Donovan era innegablemente atractivo. Y muy distinto de… bueno, de Eric.
Su relación con Eric no había sido del todo perfecta. La verdad era que últimamente era una relación bastante rutinaria. Hacía meses que no se le aceleraba el corazón al verle, hacía meses que no la besaba con aquella pasión. Y de pronto, un irlandés desconocido conseguía las dos cosas en sólo unos minutos.
Además, había ciertas cosas de Eric que habían comenzado a fastidiarle. Como su vanidad, por ejemplo. O su egoísmo. No podía recordar la última vez que había hecho el amor con él y había quedado completamente satisfecha. Probablemente. Will Donovan era la clase de hombre que dejaba a las mujeres satisfechas y exhaustas.
Claire se levantó de la cama y buscó en la maleta algo bonito que ponerse. No había anticipado ninguna experiencia de aquel tipo en aquel viaje, de modo que sólo se había llevado pantalones, camisetas y jerséis. Se decidió al final por un par de pantalones negros y una blusa blanca casi transparente. Para añadir un toque de interés, se puso un sujetador negro debajo. Sacó el secador y se metió en el baño para prepararse.
Media hora después, se miraba con ojo crítico en el espejo y suspiraba ante la imagen que éste le devolvía. ¿Qué demonios estaba esperando? ¡Aquello era una locura! ¿Pretendía seducir a ese hombre durante la cena? Agarró un pañuelo, se limpió el lápiz de labios y se recogió el pelo con un pañuelo de seda.
– Estás enamorada de Eric -se recordó-. Y él todavía te quiere, aunque no lo sepa.
