Aunque tras seis tempestuosos meses de relación, habían llegado a la conclusión de que eran mejores amigos que amantes. Sin embargo, hasta el año anterior, Sorcha continuaba estando convencida de que Will era el único hombre posible para ella. Incluso había utilizado todos sus poderes de druida para intentar convertir su vida en un infierno. De hecho, todavía pendían sobre Will dos de sus maldiciones.

– ¿Por qué voy a tener que servirte un whisky? -preguntó Will mientras se sentaba en una butaca, en frente del sofá.

– Porque tú eres el anfitrión y yo la invitada.

– Te has invitado tú misma a cenar -le recordó Will.

– Por favor, ponme un whisky -lloriqueó Sorcha-, o te lanzaré una maldición.

Will agarró el vaso y se acercó a la mesita sobre la que tenía la licorera. Sirvió un par de dedos de whisky y regresó al sofá. Pero cuando Sorcha alargó la mano hacia el vaso, él lo apartó.

– Te daré el whisky si me haces un favor a cambio.

Sorcha se apartó el pelo de los ojos.

– Esto parece interesante. ¿Qué ha pasado? ¿Hace demasiado tiempo que no estás con nadie?

– No vamos a volver por ahí, Sorcha. Ya lo probamos y la cosa no funcionó.

– Lo sé, pero esta vez lo único que haremos será acostarnos. No tenemos por qué intentar sacar adelante ningún tipo de relación.

– Seamos honestos. Tú eres una devora hombres. Quieres que los hombres te idolatren y te satisfagan hasta convertirse en unos absolutos estúpidos. Y después los abandonas para ir a buscar a otro.

– ¿Cómo puedes decir eso? Yo adoro a los hombres.

– Sí, a lo mejor hasta demasiado -dijo Will.

– Si vas a comenzar a insultarme, dame el whisky.

– No hasta que no hagas algo por mí.

– ¿Qué es lo que quieres? Evidentemente, no mi cuerpo. Supongo que debería sentirme humillada, pero no es así. He llegado a considerarte como una especie de… ¿cómo lo diría? ¿De hermano? Probablemente me sentiría culpable si volviera a acostarme contigo.



7 из 150