
«Son tiempos malos para América», había afirmado con clarividencia el día en que tomó la decisión firme de marcharse a Europa.
Beth no lo recordaba muy bien porque siempre fue un desastre para los detalles y para las efemérides por importantes que fueran, pero aquella en que Jim tomó la decisión con tanta y tan inesperada terquedad era una suavísima y apacible tarde de primavera. Paseaban lentamente por el campus de la Universidad de Berkeley en San Francisco. Beth llevaba a Love, entonces llamada Flower, de la mano. Ambas iban vestidas con sendos trajecitos de tela de vaqueros con flores, margaritas y pequeñas rosas, bordadas junto con lunas y soles.
«Lyndon Johnson nos está metiendo de cabeza en una aventura militar e imperialista en Asia… tanta teoría del dominó y tanta amenaza comunista… Y este país, Beth, después de la muerte de JFK se está yendo al infierno… A mí no me pillan.»
Fueron con toda probabilidad las últimas palabras sensatas que pronunció Jim Trevor antes de que le llegara la muerte por delirium tremens quince años más tarde. Palabras proféticas, además, tal como pintaron las cosas apenas un año más tarde, cuando los grandes disturbios en Berkeley.
Se sentaron en el césped de la gran zona ajardinada de parterres y árboles que hay entre varias de las facultades de la universidad, frente a la escuela de música. La verdad es que, pese a su bonanza, no estaba el tiempo para sentarse en césped alguno: los atardeceres eran todavía muy frescos. Pero la cultura societaria dominante exigía esta naturalidad en la comunión con la naturaleza y en la rebeldía frente al convencionalismo burgués. Es un hecho científicamente probado que el anticonvencionalismo en América es una de las causas más frecuentes de cistitis. En Berkeley, el nivel académico era alto pero la estructura de la vida cotidiana resultaba ingenuamente revolucionaria; pasaría algún tiempo hasta que la revolución tomara las dimensiones tan desestabilizadoras que tuvo en los momentos postreros de la guerra de Vietnam a finales de la década de los sesenta y principio de la siguiente.
