Las Ramblas cumplían muchas funciones en la vida cotidiana de la ciudad: desde la búsqueda de trabajo a primera hora de la mañana, pues era el lugar donde aguardaban los desempleados a que apareciera algún capataz o empresario que les ofreciera un jornal o un porte, hasta espacio para la compraventa de ovejas, transacciones varias y, por supuesto, vía comercial. Allí se situaba el Plá de l'Os que daba acceso al maravilloso, colorista y bien pertrechado mercado de la Boquería, en el que Víctor sabía que se podía hallar, pagando unos buenos dineros, hasta la mercancía más exótica y escasa del mundo. Por la tarde, aquél era un lugar de paseo, donde la gente se saludaba, se exhibía, se relacionaba. El Liceo: pensó en las magníficas noches del Liceo en las que había presenciado algunas funciones verdaderamente sublimes acompañadas de champán y coristas; en los palcos en los que tiraba su sueldo de subinspector cuando era soltero. Qué tiempos.

Entró en el hotel decidido a asearse un poco después del largo y agotador viaje. Necesitaba recuperar fuerzas.


Apenas una hora después y ya en el comedor, tras degustar unas exquisitas codornices con salsa de nueces, Víctor dijo oliendo su humeante café:

– Ponme al día, Alfredo.

– ¿Desde el principio?

– Desde el principio. Quiero saberlo todo. Familia, historia, negocios y luego, por supuesto, el secuestro.

– De acuerdo, entonces. Mira, Víctor, mi tío Julián vino a Barcelona a los treinta y tres años. Ya no era ningún chaval, pero había perdido mujer y dos hijos por la gripe y decidió cambiar de aires. Vendió todo lo que poseía. Tenía un bufete en Madrid, y vino aquí, donde comenzó a hacer negocios para terminar en el mundo textil. Fue propietario de una fábrica inmensa en Gracia. Conoció a una joven de la burguesía barcelonesa, casi una niña, mi tía Juana, que le dio cuatro hijas. Mis tíos murieron; primero él, que era ya muy mayor, y ella hará cosa de un par de años. Mis cuatro primas casaron bien y con las rentas que obtuvieron por la venta de la fábrica y de las enormes posesiones de mi tío tienen un buen pasar. Como ya sabrás, hace alrededor de un par de semanas recibí un telegrama de una de ellas, Huberta.



15 из 248