– ¿Cuándo se produjo la desaparición?

– Hará ahora cosa de un mes. Tardaron dos semanas en avisarme.

Debieron hacerlo antes.

– Ya, pero ni siquiera la policía de aquí se lo tomó muy en serio, de hecho pensaban que se había fugado con alguna pelandusca. La familia, lógicamente, sabía que no había nada de eso. El marido de mi prima era… perdón, es, es un hombre pío, de costumbres espartanas y volcado en sus negocios.

– Pero…

– Pero hace dos semanas recibieron este anónimo y entonces decidieron avisarme dijo don Alfredo tendiendo una esquela a su amigo.

Víctor leyó la nota:

– «Tienen ustedes una semana para entregarnos veinte millones de reales si quieren bolver a ver a don Gerardo con vida.» Vaya -dijo-. «Bolver», sólo hay esa falta de ortografía. Me parece obvio que esto lo ha escrito alguien leído que se quiere hacer pasar por analfabeto.

– Puede ser.

– ¿Y pagaron?

– No, no hemos vuelto a tener noticias de los secuestradores.

– Vaya.

– Estamos a oscuras. Por eso te llamé. Tu amigo, el inspector López Carrillo…

– Juan de Dios.

– … Juan de Dios piensa que pueden haberlo matado. No hemos querido decírselo a la familia, claro. Les sigo dando esperanzas al respecto.

Víctor se quedó pensativo por unos instantes:

– ¿Tienen hijos don Gerardo y tu prima Huberta?

– Sí, Alfonsín, un bohemio que vive entre artistas. Dice ser escultor, aunque antes fue pintor y también, según él, poeta y novelista. Vive a lo grande con el dinero de papá.

– ¿Servicio?

– Un cochero, dos doncellas, cocinera y un ama de llaves.

– ¿Algún antecedente?



16 из 248