Ni caso. Miraba al infinito, como ido. Reparé en que tenía un ojo morado, contusiones, un corte en el pómulo y hasta me pareció que le faltaba algún diente que otro, así que lo hice pasar a la casa, porque empecé a sospechar que le habían dado una paliza. Una vez dentro comprobé que era, en efecto, el mismísimo don Gerardo. Me han dado una buena propina.

– ¿Va bien vestido?

– Quiá, en chaleco y con la camisa medio rota, con manchas de sangre. Iba todo perdido de tierra y olía mal, muy raro.

El coche llegó a destino y Víctor bajó de un salto. La fachada y el pequeño jardín delantero de la casa de la familia Borras denotaban que allí habitaba gente pudiente. Situada en la calle Calabria, en pleno Ensanche, aquella vivienda amplia, moderna y de cuidados jardines era el prototipo de residencia que comenzaba a imponerse entre la pujante burguesía barcelonesa.

Allí les esperaba un caballero al que don Alfredo presentó como don Herminio, el marido de una de sus primas:

– Quiero verlo -dijo Ros, que ardía en deseos de entrevistarse con el secuestrado y aclarar el caso. Quizá ni siquiera era necesaria su presencia allí. ¿Cómo habían logrado los secuestradores que desapareciera del coche? La curiosidad le devoraba.

– Se lo han llevado a su cuarto, para que lo atendiera su médico, con calma -dijo don Herminio.

– ¿Tan mal está? -preguntó don Alfredo.

– No te haces una idea. Cuando ha entrado en el recibidor ha mirado una lámina que lo preside, un Corazón de Jesús, y al verlo se ha puesto hecho una fiera, tenía convulsiones y echaba espuma por la boca. Entre cuatro no podíamos reducirlo. Cosa de locos, como si estuviera poseído.

Ros dijo:

– Indicios de tortura, me dice aquí el guardia, Fulgencio.

– Sí, le faltan varias piezas dentales. Ha perdido el chaleco en el forcejeo y lleva la camisa manchada de sangre en la espalda, como si lo hubieran azotado. Creo que está fuera de sí. Ha debido de escaparse de sus captores. Tiene las uñas llenas de tierra y huele que apesta a huevos podridos. Tiene como un polvillo amarillo en algunas parles de la ropa.



24 из 248