¿Y Gisela? ¿A qué decisiones se había enfrentado? ¿O para ella no se trataba más que de una batalla, ganar o perder? ¿Tenía razón Zorah al creer que Gisela anhelaba ser reina y había perdido su oportunidad? ¿O simplemente amaba a aquel hombre y había estado dispuesta a que su país la considerase una villana con tal de poder amarlo y estar junto a él? Entonces, ¿era una mujer con la vida destrozada a causa del dolor? ¿O se trataba de una circunstancia provocada por ella misma, como el último recurso antes de verse abandonada, de sufrir el final público del gran idilio real no con la gran tragedia de la muerte, sino con el patético anticlímax de ser rechazada?

– Entonces, ¿aceptará mi caso? -preguntó Zorah después de unos instantes.

– Tal vez -contestó él con precaución, a pesar de sentir cómo crecía en su interior la emoción del reto, un aliento de peligro que debía admitir como excitante-. Me ha convencido de que quizá tuvo un motivo para hacerlo, pero aún no de que lo hiciera. -Se aclaró la voz. Debía mostrarse sereno-. ¿Qué pruebas tiene de que, en efecto, Friedrich tenía la intención de regresar, a pesar incluso de la maquinación de la reina Ulrike para que abandonara a Gisela?

Ella se mordió el labio. La rabia asomaba en su rostro, luego brotó una sonrisa.

– Ninguna -admitió-. Pero Rolf Lansdorff estuvo allí aquel mes, en casa de los Wellborough, y a menudo hablaba con Friedrich. Es bastante razonable suponer que se lo propuso. Nunca podremos saber qué habría respondido Friedrich de haber vivido. Está muerto… ¿No le basta con eso?

– Para sospechar, sí. -También él se inclinó hacia delante-. Pero eso no es una prueba. ¿Quién más estaba allí? ¿Qué sucedió? Deme detalles, pruebas, no sensaciones.

Zorah lo miró un instante de un modo desapasionado.

– ¿Quién estaba allí? -Enarcó un poco las cejas-. Estábamos a finales de primavera. Había una fiesta en la casa de campo de lord y lady Wellborough. -Torció la boca en una sonrisa irónica y divertida-. No son sospechosos. Lord Wellborough fabrica armas y comercia con ellas. La guerra, cualquier guerra que no fuera en Inglaterra, le sería del todo conveniente.



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