
– No.
– Bien, hay muchos problemas laborales, sobre todo en los estudios cinematográficos de Hollywood. El gremio de los transportistas ha formado piquetes contra el grupo sindical Alianza Unida de Extras y Tramoyistas, la UAES
Dudley Smith palmeó sobre la mesa.
– Esos comunistas subversivos no respetan ni a su madre.
Loew permaneció en silencio; Mal evaluó las manazas del irlandés, ideales para desnucar gente, torcer orejas, arrancar confesiones. Llegó a una conclusión: Ellis temía a Smith, y Smith odiaba a Loew por principio, el hijo de perra era un abogado judío que se creía muy listo.
– Ellis, ¿hablamos de un trabajo político?
Loew acarició su llave Phi Beta Kappa y sonrió.
Hablamos de una intensa investigación acerca de la influencia comunista en Hollywood. Tú y Dudley seréis mis principales agentes. La investigación se centrará en la UAES. En ese sindicato pululan los subversivos, y tienen un trust de cerebros que dirige el asunto: una mujer y media docena de hombres, todos muy vinculados con «compañeros de ruta» que fueron a prisión por apelar a la Quinta Enmienda ante el HUAC
Las plateadas insignias de capitán bailaron en la mente de Mal; miró a Loew y planteó objeciones, abogado del diablo de su propia causa.
– ¿Por qué yo en vez del capitán Bledsoe? Es jefe de investigación de la Fiscalía, tiene influencias y es el favorito de todos… lo cual es importante, pues tú tienes fama de ambicioso. Yo soy un detective que se especializa en reunir pruebas de homicidio. Dudley es hombre de Homicidios. ¿Por qué nosotros? ¿Y por qué ahora… a las nueve de una mañana de Año Nuevo?
Loew contó las objeciones con los dedos. Tenía las uñas brillantes, pintadas con esmalte claro.
– Primero, anoche me quedé hasta tarde con el fiscal de distrito. El presupuesto fiscal definitivo de la oficina para 1950 debe estar mañana a disposición del Ayuntamiento, y lo convencí de usar los cuarenta y dos mil dólares que nos sobraban para combatir el Peligro Rojo.
