
Jefe, tenemos un problema.
Danny alzó los ojos. Hosford, agente uniformado a cargo de la frontera noreste de la división, estaba en la puerta.
– ¿Qué? ¿Por qué no me avisaste?
– Lo hice. Su radio debe…
Danny ocultó el texto y la libreta.
– ¿De qué se trata?
– Un muerto. Lo encontré en Allegro, a casi un kilómetro del Strip. Cielo santo, jamás había visto…
– Quédate aquí. Voy para allá.
Allegro era una estrecha calle residencial donde los patios de estilo español se combinaban con obras en construcción con letreros que prometían VIVIENDAS DE LUJO de estilo Tudor, francés rústico y aerodinámico moderno. Danny la atravesó en su coche sin insignias y aminoró la velocidad cuando vio una barrera de vallas con luces rojas. Detrás de las vallas, tres coches patrulla alumbraban con los faros un terreno lleno de hierbajos.
Aparcó el Chevy junto a la acera y se aproximó caminando. Agentes con impermeable apuntaban sus linternas al suelo; el fulgor color cereza de las luces intermitentes iluminaba un letrero: PLANTACIÓN ALLEGRO – TOTALMENTE OCUPADA PARA 1951. Las luces bajas de los coches patrulla formaban una maraña de haces en el terreno, iluminando botellas vacías, maderas mojadas y papeles. Danny se aclaró la garganta; uno de los hombres se volvió y manoteó el arma con un ademán nervioso.
