
– Arriba, en los pabellones, supongo, a no ser que hayan vuelto a llamarlo. Ustedes los guindillas le hacen trabajar de lo lindo.
– No lo hacemos por gusto, se lo puedo asegurar -dijo Evan con cansancio-. Sin duda, preferiría no tener que molestarle.
El encargado suspiró y se atusó el pelo. No dijo más nada.
Evan subió escaleras y recorrió pasillos preguntando por el doctor Riley hasta que lo encontró saliendo de un quirófano, sin chaqueta, la camisa arremangada, los brazos salpicados de sangre.
– Acabo de extraer una bala -explicó entusiasmado-. Un accidente estúpido. Qué maravilla este nuevo anestésico. No había nada comparable en mi juventud. Es lo mejor que ha dado la medicina desde… ¡Yo qué sé! Quizá sea lo mejor, simple y llanamente. Supongo que está aquí por el cadáver de St Giles.
Metió las manos en los bolsillos. Se le notaba cansado. Tenía el rostro cruzado por finas arrugas, una mancha de sangre encima de una ceja y otra en la mejilla por habérsela frotado con la mano sin darse cuenta.
Evan asintió.
Un estudiante de medicina pasó a su lado silbando entre dientes hasta que reconoció a Riley, momento en que se detuvo y le saludó con respeto.
– Muerto a golpes -dijo Riley, frunciendo los labios-. Ninguna herida de arma… Salvo si considera que los puños y las botas lo son. Ni cuchillo, ni pistola, ni porra hasta donde alcanza mi capacidad de juicio. Nada en la cabeza aparte de la conmoción cerebral que supuso el golpe al caer sobre los adoquines. Eso no lo mató, probablemente ni siquiera perdió el conocimiento. Seguramente sólo quedó aturdido y un poco mareado. Murió debido a la hemorragia interna. Órganos reventados. Lo siento.
– ¿Es posible que se lo hiciera un solo hombre?
Riley meditó un buen rato antes de contestar, de pie en medio del pasillo, sin advertir que impedía el paso a los demás.
– Es difícil asegurarlo. No quisiera comprometerme. Basándome sólo en su cuerpo, sin tomar en consideración las circunstancias, supongo que fue obra de más de un asaltante. Si hubiera sido un solo hombre, tendría que estar loco de atar para hacerle esto a un semejante. Tendría que haberse puesto como una fiera.
