– ¿Y si tomamos en consideración las circunstancias? -presionó Evan, haciéndose a un lado para que pasara una enfermera con un fardo de ropa sucia.

– Bien, el chico sigue con vida y, si resiste hasta mañana, es posible que se recupere -contestó Riley-. Es demasiado pronto para decirlo, pero para desafiarlos a ambos y hacerles tanto daño, diría que fueron dos asaltantes, fornidos y acostumbrados a la violencia, puede que incluso tres. O, una vez más, estaríamos hablando de dos locos de remate.

– ¿Es posible que pelearan entre ellos?

Riley se mostró sorprendido.

– ¿Y acabar medio muertos en el suelo? No es muy plausible.

– Pero ¿podría ser? -insistió Evan.

Riley negó con la cabeza.

– No crea que le será tan fácil dar con la respuesta, sargento. El más joven es más alto. El mayor estaba un poco fondón pero no le faltaba músculo, era bastante fuerte. Habría podido encajar muchos golpes, puesto que luchaba por su vida. Y no había un arma que diera ventaja a nadie.

– ¿Sabría decirme si las heridas se las hizo atacando o defendiéndose?

– La mayoría al defenderse, hasta donde yo puedo suponer, pero sólo es una deducción debido a su ubicación, en los antebrazos, como si los hubiese levantado para protegerse la cabeza. Puede que el ataque lo iniciara él. Sin duda atizó unos cuantos golpes, a juzgar por el estado de sus nudillos. Alguien lleva la marca de sus puños, tanto si se trata de una parte visible como si no.

– Había sangre en la parte externa de su ropa -dijo Evan-. Sangre de otra persona.

Observó atentamente el rostro de Riley.

Éste se encogió de hombros.

– Podría ser del muchacho o bien de un tercero. No tengo forma de saberlo.



18 из 391