La espera hasta el regreso de Shotts se eternizó, pero éste trajo finalmente al médico consigo, un hombre demacrado, de manos huesudas, con el rostro flaco y paciente. El sombrero de copa le iba grande y lo llevaba hundido hasta las orejas.

– Riley -se presentó escuetamente antes de agacharse para observar al muchacho. Sus dedos lo palparon con destreza bajo la atenta mirada de Shotts y Evan. Ya era pleno día pero el callejón, embutido entre altas paredes roñosas, seguía en penumbra.

– Tiene razón -dijo Riley al cabo de un momento, con voz áspera y mirada sombría-. Sigue vivo… aunque a duras penas. -Se puso en pie de un salto y se volvió hacia la silueta como de coche fúnebre de la ambulancia, mientras el conductor hacía retroceder a los caballos para llevarla hasta el fondo del callejón-. Ayúdenme a levantarlo -pidió cuando otra figura se apeó del pescante y abrió las puertas traseras.

Evan y Shotts obedecieron en el acto, levantando al herido con todo el cuidado posible. Riley supervisó sus esfuerzos hasta que el joven quedó tendido en el suelo del interior del vehículo, envuelto en mantas. Luego devolvió a Evan su abrigo ensangrentado, húmedo y sucio por la inmundicia de los adoquines mojados.

Riley le miró y frunció los labios.

– Más vale que se ponga ropa seca, se tome un trago de whisky, y se coma después un plato bien caliente de gachas -indicó, negando con la cabeza-. Si no será usted quien pille una pulmonía y probablemente sea, además, en balde. Dudo mucho que logremos salvar a este pobre diablo. -La compasión alteró su semblante a la luz de la linterna, mostrándolo aún más demacrado y vulnerable-. Por el otro no puedo hacer nada. Es trabajo de la funeraria, y también suyo, por supuesto. Le deseo suerte. En semejante sitio la va a necesitar. Sólo Dios sabe lo que ha pasado aquí, aunque quizá sea más apropiado decir que sólo el diablo lo sabe. -Dicho esto, subió al coche junto a su paciente-. El furgón del depósito de cadáveres vendrá a por el otro -agregó como si se le acabara de ocurrir-. Éste me lo llevo a St Thomas. Pregunte por él allí. Supongo que no tiene la menor idea de quién es, ¿verdad?



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