
Cuando sus ojos se abrieron a través de esa costra blanca, se mostraron animados en un secreto y vivo fuego negro.
– ¡Nupi viene con el maestro Ti! -exclamó mientras extendía los brazos para saludarnos.
– ¿Y quién es esta pequeña chapatti? -preguntó antes de sacarle la lengua al bebé, que movió los brazos y las piernas a modo de respuesta.
Él sabía a lo que íbamos; aceptó nuestras monedas y luego extendió los dedos de Sofía como una estrella de mar. Le cayó polvo de la cabeza cuando la levantó de repente para mirarnos con sorpresa.
– ¡Una brahmán! -exclamó.
Se inclinó para verla mejor y cayó en trance para descubrir que había sido una princesa hindú secuestrada por un califa musulmán hacía más de quinientos años.
– Fue preciosa y muy lista, y pudo volver a casa al final -nos dijo. Levantó las manos en un gesto aleccionador antes de continuar-. Ésa es la razón por la que la pequeña Sofía siempre está mirando a su alrededor.
Nupi quedó complacida con ese veredicto, por lo que le dio otra moneda de cobre como propina.
– Y todo el mundo la quería -nos dijo cuando ya nos íbamos.
Mi padre resopló cuando Nupi le contó lo que Jaidev había dicho. Le dijo a nuestra cocinera que la pequeña miraba a su alrededor todo el tiempo porque aprendía todo lo que la rodeaba: las cosas importantes, como que necesitaba dormir y abrazos, y las pequeñas cosas también, como que el arroz se pegaba cuando lo aplastaba con los dedos y las «extrañas creencias de algunos miembros de la casa».
Nupi se enfadó cuando se refirió a ella con ese último comentario y a partir de entonces hablaría irónicamente de sus «extrañas creencias» siempre que mostraba su certeza respecto a algún tema, ya fuera importante o una nimiedad. Pero yo sé muy bien que la crítica de papá en el fondo le gustó, porque significaba que él la consideraba parte de la familia.
