Ella se encogió. "Inteligente, con fuerza, cauteloso… Hambriento."

"¿Hambriento? ¿Crees que ambicioso?"

"Quizás…" Su frente se arrugó mientras como intentó definir aquella característica vaga que ella había sentido en Dumont. Entonces ella se encogió. "Hambriento".

"¿Mordió el cebo? Debe saber que Hardraada también quiere el trono inglés. ¿Tomará parte por Noruega y se ofrecerá a su padre?"

"Pienso que no." Ella frunció el ceño pensativamente. "Sentí cierta amargura… Hay poco afecto allí. Sin embargo, él puede decidir quedarse aquí en Normandía y apoderarse de los feudos que son dejados atrás en vez de la derrota que arriesga en Inglaterra. Como dije, juzgo que es un hombre muy inteligente."

William sacudió su cabeza. "Si se queda, permanece como un comerciante rico que puede tirar de las cuerdas entre bastidores. No le gusta ser despreciado por mi nobleza. Apuesto que pagaría mi precio por permanecer en igual campo con ellos."

"¿Entonces por qué solicitastes mi opinión, si ya lo habías decidido?" Matilda preguntó de manera cortante. "Tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo que escuchar en las puertas en la mitad de la noche."

Él se movió inmediatamente para calmarla. Nadie podría hacer la vida más desagradable que Matilda en su furia. "Sabes que siempre valoro tu opinión." Cambió de tema mientras resbalaba sus brazos sobre ella. "Excepto cuando valoras la capacidad del hombre como un semental. Admítelo, simplemente lo dijisteis para molestarme. El hombre no tiene ningún atractivo para ti."

Matilda abrió sus labios para contestar y luego lo pensó mejor mientras captaba su ceño fruncido en su cara. Se puso de puntillas y con cuidado acarició la mejilla de su marido. "Qué sabio eres, mi amor. Era sólo una ligera broma. Desde luego no encuentro en ese Gage Dumont el menor atractivo."



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