– No es muy propio de ti decirme cumplidos. Normalmente para ti soy un fulano imposible con un ego del tamaño de la cúpula de San Pedro y… He olvidado los otros pero seguro que tú te acuerdas.

– Egoísta, monstruoso e insufrible. Te he llamado otras muchas cosas y no las retiro.

– Probablemente tengas razón.

– Pero eso no hace que no seas atractivo, y hay un montón de mujeres por ahí.

Luca se quedó en silencio tanto tiempo que Sonia se preguntó si lo habría ofendido.

– También podría ser de otra forma -dijo al fin.

– ¿Cómo?

– Supón que no hay millones de mujeres, supón que hay sólo una con la que tuviera esperanzas de poder concebir un hijo.

– Nunca he oído que fuera así.

– Pero podría ser -insistió él.

– Entonces tendrías que encontrarla, y sería como buscar una aguja en un pajar.

– No si ya sabes quién es.

– Ya lo tienes decidido, ¿no? Luca, no crees eso porque sea cierto, sino porque quieres que lo sea. Es bastante agradable saber que puedes ser tan irracional como el resto de nosotros -comentó ella, y lo miró con curiosidad-. Debe de haber sido muy especial.

– Sí. Era especial.

Era un hombre de acción, así que con un par de llamadas al día siguiente estaba en su oficina un representante de la mejor agencia de detectives que el dinero pudiera comprar.

– Rebecca Solway -dijo de forma seca para que no se le notara que se le revolvía el estómago-. Su padre era Frank Solway, propietario de la finca Belleto en la Toscana. Encuéntrenla. No me importa lo que cueste, pero encuéntrenla.


Fue una noche de éxito. Philip Steyne, el presidente del banco, trató a Rebecca con admiración, y se quedó tan impresionado como Danvers pensaba que se quedaría. Cuando Rebecca se ausentó un momento, Steyne le comentó.

– Felicidades, Jordan. Hará la nota crediticia del banco. ¿Para cuándo el anuncio?

– Cualquier día, espero. No hemos hablado de nada específico, pero es obvio que entiende hacia dónde nos encaminamos.



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