
– Bueno, en la buena banca se paga el ser específico. No lo demore mucho -le aconsejó, y se dirigió a Rebecca al regreso de esta-. Rebecca, deja que me aproveche de tus dotes de experta. Eres mitad italiana, ¿verdad?
– Sí, mi abuela materna era de la Toscana.
– ¿Y hablas el idioma?
– ¿A qué idioma se refiere? Está la madre lingua, el idioma oficial que usan los medios de comunicación y el Gobierno. Pero también tienen dialectos regionales, que son idiomas en sí mismos. Yo hablo la madre lingua y toscano.
– Impresionante. La verdad es que el toscano nos vendrá bien. La sede de esta empresa está en Roma, pero creo que empezó en Toscana, y ahora está por todo el mundo.
– ¿Empresa?
– Raditore, S. A. Propiedades, finanzas, un poco de todo. Está comprando de repente una cantidad enorme de acciones del Allingham, y al banco le interesa una aproximación. Propongo una cena en mi casa, a ver lo que podemos sacar de ellos.
– Has impresionado al viejo, cariño -la alabó Danvers al llevarla a casa.
– Bien. Me alegro de haberte servido de ayuda.
Ella le respondió de forma mecánica y él la miró de reojo mientras pensaba que era la segunda ocasión en que estaba de un humor extraño y esperaba que no se convirtiera en hábito. De nuevo no lo invitó a su habitación, lo cual lo molestó, pues esperaba discutir la inminente cena. Una vez lejos de su vista, Rebecca cerró los ojos y suspiró, se desvistió deprisa y se metió en la ducha, como si quisiera lavarse la noche entera. Tenía los nervios a flor de piel igual que la noche anterior. La mención de Toscana la había alterado, y el fantasma había entrado otra vez.
Capítulo Tres
En cuanto estuvo segura, Becky corrió a darle la noticia a Luca, que se emocionó.
– ¿Un bebé? Nuestro pequeño bambino. Mitad tú, mitad yo.
