– No se atreva a tocarla -le advirtió, con la misma mirada amenazante que ella había visto cuando se conocieron.

– Me la llevo a casa -repitió el padre.

– No sólo eres un matón sino también completamente estúpido. Sólo un cretino haría esto sabiendo que está amenazando el bienestar del bebé que lleva.

Como respuesta Frank intentó arrastrar a Becky. Luca no se movió, pero agarró al hombre con las dos manos.

– Luca, no dejes que me lleve -imploró ella.

Aquello enervó a Frank, que empezó a despotricar, mientras Luca no dijo nada y permaneció impasible y tranquilo. Quizá fue aquella tranquila dignidad lo que lo enfureció aún más, pues tiró a Becky a un lado para enfrentarse al joven.

Entonces comenzó la pesadilla. Moviéndose con esfuerzo y angustiada, de repente Becky vio que el mundo daba vueltas a su alrededor de forma alarmante. Gritó y se dobló mientras la agonía la envolvía como un horno. El sonido llegó a los dos hombres, que cesaron su lucha, aunque Frank tuvo que ser el centro. La última visión clara de su hija fue la de él interponiéndose delante de Luca para inclinarse sobre ella.

Pero era a Luca a quien ella quería. Se estiró y lo llamó, pero Frank estaba en medio, agarrándola con fuerza.

– Luca -chilló ella-. ¡Luca!

De repente desapareció, y no volvió a verlo. Fue a recogerla una ambulancia que la llevó al hospital, donde nació su hija enseguida, pero murió a las pocas horas.

Cuando cesó el dolor físico, otro dolor la esperaba en su mente. Lo único que sabía era que llamaba a Luca repetidas veces, pero él nunca estaba, y no comprendía por qué. Su hija había nacido y había muerto sin que siquiera la tuviera en brazos. Había prometido quererla y protegerla, pero no había estado allí cuando lo había necesitado.

– Era tan pequeñita e indefensa -susurraba ella a la oscuridad-. Necesitaba a su padre.



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