– Tenía una depresión post-parto muy grave, y creo que me dieron una medicación muy fuerte.

– Sí, eso lo entiendo ahora, pero entonces entré y te vi mirando a ningún sitio. No sabía qué pasaba y tú no parecías oírme o verme.

– Y no lo hacía. No tenía ni idea siquiera de que hubieras ido.

– No me dejaron quedarme a solas contigo. Estaban tu padre y una enfermera, por si me «ponía violento». Te rogué que me escucharas, te repetí mil veces cuánto lo sentía, y tú sólo me mirabas. ¿No te acuerdas?

– No lo sabía. Debía de estar completamente enferma.

– Tu padre sabía el estado en que estarías mientras yo estuviera allí. Me pregunto qué le diría que te diera antes al médico, para asegurarse.

– Y nunca me dijo que hubieras venido -terminó ella, asintiendo con dolor.

– Claro que no. Le venía muy bien que pensaras que te había abandonado de forma cruel. Por poco me volví loco del dolor que creía haberte causado.

– No fuiste tú, Luca, no fuiste tú.

– Es muy fácil decirlo ahora -repuso él mirándola con tristeza-, pero ¿cómo decírselo al chico que era entonces? Su agonía estaba más allá de lo que puedas imaginar. ¿Te acuerdas de cómo fue al principio, cómo intenté resistirme, por tu bien?

– Y yo no te dejé.

– Mi conciencia siempre me advirtió de sacarte de la vida a la que estabas acostumbrada, de hacerte vivir en la pobreza.

– No me hiciste, lo elegí yo cuando te escogí a ti. Y nunca me sentí pobre, me sentía rica porque nos teníamos el uno al otro.

– Pero sabía que tenía que haber sido más fuerte. Y por fin tu padre me convenció de que lo que mejor que podía hacer por ti era dejar que te fueras, o si no no te recuperarías.

– Era un hombre malo. Nunca lo había entendido antes.

– Acepté su dinero para hacerme lo suficiente rico y poderoso para vengarme de él. Me prometí que nos volveríamos a encontrar, pero no fue así. Mi negocio prosperó, así que hice de él mi vida. Es todo lo que sé, Becky.



45 из 116