– No cuento con eso. A lo mejor tienes que quedarte.

– Volveré en unos días. No creo que lo aguantara mucho tiempo.

– Supongo que debe alegrarme que te vayas. Así podré ponerme al día en mi vida real.

– ¿Real? ¿Esto no ha sido real?

– Ya sabes lo que quiero decir -dijo ella, mientras le acariciaba el pelo; se rió y se inclinó para besarlo-. Debo volver mi mente al trabajo. Y supongo que debo hablar con Danvers y decirle que lo poco que había entre nosotros ha terminado. No te preocupes por él.

– No lo haré -aseguró él, y siguió con una amplia sonrisa-. Danvers Jordan no me preocupa lo más mínimo.

Capítulo Siete

Luca estuvo fuera casi una semana, en la cual la llamó diez veces. Rebecca vivía para esas llamadas. Cada vez le costaba más fingir que no era así, hasta que dejó de fingir. No sabía cómo llamar a aquel sentimiento, pero no le parecía que fuera amor. El lazo que los unía había sobrevivido misteriosamente a través de los años y la distancia, y ahora no podía pensar en otra cosa que no fuera él. Toda su vida parecía concentrarse en él, en su próxima llamada o en el probable día de su regreso. Aun así, se resistía a llamarlo amor.

Dos días antes de que llegara, Rebecca estaba en una recepción del hotel, que duró tan solo dos horas pero que a ella se le hizo interminable, quizá porque ya no se tomaba en serio aquellas ocasiones. Se preguntaba si volvería a hacerlo.

Mientras sonreía de forma mecánica a alguien que había requerido su atención y que parecía que no la iba a dejar, miró a su alrededor y se sorprendió al ver a Danvers, pues no sabía que hubiera regresado y él normalmente era muy puntilloso. Entonces se dio cuenta de lo poco que había pensado en él mientras había estado fuera. Ninguno de los dos se había puesto en contacto con el otro. Pero sabía que debía hablar con él. Al fin logró terminar la conversación y cruzó la sala hasta llegar a Danvers, que, enfrascado en una conversación con una joven, se alarmó al verla, y Rebecca casi diría que se acercó a ella sin ganas.



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