– ¿Me lo vas a explicar? -preguntó ella sin muchas esperanzas, y el volvió a reír.

– Puede… L dejó de sonreír-. Em, Anna me necesita, pero no deja que me acerque a ella. Sean los que sean los resultados de las pruebas, necesito estar aquí durante un tiempo. Por cierto, gracias por organizar las pruebas tan deprisa. Llamaron de Blairglen para la mamografía y le han dado cita mañana a las diez y media. Lo cual quiere decir que no podré empezar bien en mi nuevo trabajo hasta pasado mañana.

– No puedes empezar bien…

– Em, Anna no confía en mí -dijo con mucha paciencia-. Kevin, su marido, la trataba como si fuera basura. Yo supe desde el principio que era un tipo asqueroso, y tuve la torpeza de decírselo a ella. Tuve que arrepentirme, porque mientras vivió con él, me mantuvo alejado de ella, y creo que estuvo más tiempo con Kevin sólo para demostrarme que no tenía razón. Ahora me necesita, aunque no quiere reconocerlo. Necesita ayuda desesperadamente.

– Es muy orgullosa.

– Demasiado orgullosa -masculló Jonas, y Em lo miró con extrañeza. ¿Qué habría pasado si hubiera sido al revés? Em intuía que ese hombre era tan independiente como su hermana.

– Tenemos que construir un gran puente entre los dos, y no va a ser cosa de dos días. -continuó Jonas.

– ¿No tienes más familia? -preguntó Em con curiosidad.

– No, sólo somos Anna y yo. Puede que por eso haya pasado lo que ha pasado. Después de que muriera nuestro padre, yo fui demasiado protector. Ella tenía que rebelarse y el resultado fue su relación con ese miserable.

– No puedes culparte para siempre -dijo Em, y Jonas le dedicó otra de sus sonrisas.

– No, claro que no. Pero sí puedo intentar ayudarla. Si tú me dejas…

– ¿Yo? ¿Cómo?

– Dándome el empleo.

Em alzó la vista para mirarlo y pensó que era corpulento, tranquilo y muy seguro de sí mismo. No necesitaba la opinión de Dominic para saber que era competente. No había más que mirarlo para darse cuenta de que era un cirujano experimentado.



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