
Empezaba a conocer a Emily Mainwaring, y cuanto más veía, mejor le parecía.
– ¿Qué? -preguntó Em secamente, mientras ponía el último esparadrapo sobre las gasas, y su tono lo asombró.
– Disculpa…
– Me has estado mirando durante los últimos diez minutos -dijo Em-. Supongo que habrás visto curar quemaduras otras veces.
– Claro que sí -contestó sonriendo-. Muchas veces.
– Pues no creo que esto sea distinto.
– Por el aspecto de esas quemaduras, ¿no debería estar aún en el hospital? -preguntó Jonas con el mayor tacto posible. Lori los observaba con interés, consciente de la tensión que había entre los dos.
– Probablemente. Aún le falta algún injerto más -aclaró Em, acercando al niño hacia su pecho y arrullándolo como si fuera su propio hijo-. Pero estaba empezando a afectarle el clima hospitalario y yo no podía resistir ver cómo se institucionalizaba.
– ¿Y Lori es una buena madre de acogida?
– La mejor -repuso Em con cariño, mirando a su amiga por encima de los rizos de Robby-. Hemos tenido madres de acogida estupendas, como Wendy y Erin. Mujeres muy comprometidas. Y Lori es, sin duda, la mejor.
– Me alegro de saberlo, aunque me lo había parecido. He convencido a Lori para que cuide de los hijos de Anna hoy. Creo que es la única madre de acogida que no tiene la casa llena, y si el problema de Anna requiere que sea intervenida, tendrán que venir aquí por un tiempo.
Em frunció el ceño.
– ¿Es posible, Lori?
– Sí, lo es. Acabo de hablar con los jefes y podemos arreglarlo. Jonas quiere algo concreto para decirle a su hermana esta noche. Anna querrá saber que pase lo que pase, sus hijos van a estar cuidados.
– Está echándose atrás sobre las pruebas -informó Jonas dirigiéndose a Em-. Dice que como no hay nadie para cuidar a sus hijos si tienen que operarla, para qué se va a hacer las pruebas.
