
Era una sensación imposible de describir. Sola, pero no sola. Reconfortada, más de lo que se había sentido en años.
Así que… no tan sola.
Ese hombre solo iba a estar allí durante un mes, se dijo. Los sentimientos que le afloraban la tenían más alterada de lo que quería reconocer. Él iba a estar tan poco tiempo… Y, después, ella volvería a estar sola.
– ¿Por qué viniste a ejercer en Bay Beach? -preguntó Jonas, y ella se sobresaltó. Era como si le hubiera leído el pensamiento.
– No tuve elección.
– ¿Porque tu abuelo y Charlie estaban aquí?
– Por eso y porque me encanta Bay Beach.
– Me da la impresión de que no puede haber mucha vida social aquí.
– No, pero no importa -dijo ella riendo-. Como único médico no tengo tiempo para la vida social.
– Ahora sí lo tienes. Mientras yo esté aquí, podrás tener algo de tiempo libre.
– Entonces tendré que buscarme un novio -bromeó Em-. Pero sólo por un mes, y eso no me parece justo para el chico. Y después, vuelta a ser el médico y botones para todo, lo que no me dejaría mucho tiempo para él.
Al terminar la frase, el tono de broma se había esfumado, y en su lugar apareció un deje amargo en su voz.
– ¿Eso te molesta?
– No -Em negó con la cabeza y su trenza dio una sacudida-. No, por lo general, no. Sólo que a veces…
– ¿Como hoy?
– Como hoy -aceptó ella-. Le dije a Claire Fraine que fuera a Blairglen dos semanas antes de la fecha prevista para el parto. Ella dijo que era una tontería, puesto que sus bebés siempre tardan mucho en nacer, y que tendría tiempo de sobra cuando empezaran las contracciones. ¿Y, qué crees que pasó? Pues que tuve que asistir a un parto de gemelos en plena noche -dijo, mordiéndose el labio-. Y casi perdí a uno… No sé por qué, pero el tocólogo de Blairglen sólo había detectado a uno de ellos, así que esperábamos solamente un bebé y Thomas nació por sorpresa después de su hermana, mucho más grande. Menos mal que llegó enseguida el servicio neonatal de urgencia, porque pesaba solamente un kilo y medio y fue pura suerte que no se me muriera.
