
Poco a poco, dejó de sonreír.
«Me pregunto si estoy actuando como un estúpido», se dijo. Pero sólo estaban la luna y el mar para contestar.
Jonas tenía razón. Anna estaba aterrorizada y a punto de echarse atrás. Hizo falta toda la capacidad de persuasión de Jonas y de Em para que no desistiera.
– Hemos concertado una cita -explicó Jonas, despacio y con decisión-, y hemos organizado todo lo demás. Dejarás a Sam y Matt en el colegio y llevarás a Ruby a casa de Lori. Luego, yo te llevaré a Blairglen para las pruebas. Si nos retrasamos, o si necesitas que te hagan más pruebas además de la mamografía y la biopsia, Lori recogerá a los niños del colegio y les dará la cena.
– Pero si es cáncer, me ingresarán en el hospital…
– No, no lo harán -dijo Em estrechando la mano de Anna. La pobre mujer estaba temblando. Era el resultado del miedo que había ido acumulando durante un mes. Habría sido mejor que se hubiera enfrentado a ello desde el principio, cuando notó el bulto por primera vez, en lugar de esperar hasta que la imaginación se le desbordara-. Anna, unos pocos días no van a cambiar nada. Sea como sea el resultado de las pruebas, tendrás tiempo de venir a casa y reflexionar antes de someterte a la cirugía. Podrás alegrarte si sólo es un quiste, o resignarte a luchar contra un cáncer de mama incipiente. Sea lo que sea, nadie va a obligarte a hacer algo que no quieres.
Anna estaba desesperada y no hacía más que pasear su mirada de su hermano a Em.
– Pero Jonas ya le ha preguntado a Lori si podría cuidar a los niños por un período largo.
– Así es, para que, si saliera lo peor, puedas estar segura de que podrás enfrentarte a ello -dijo Em, y Jonas la miró con gratitud por el esfuerzo que hacía-. Prepárate para lo peor y desea lo mejor. Ese es mi lema, y lo recuerdo cada vez que suena el teléfono.
