Se hizo el silencio mientras Anna pensaba.

– Eso debe de ser terrible -dijo Anna, mirando a Em a los ojos por primera vez-. No lo había pensado antes, pero ahora… En tu trabajo nunca sabes lo que va a pasar. Como en ese horrible accidente del tractor, la semana pasada. Tuviste que hacerte cargo tú, ¿verdad?

– Fue horroroso -dijo Em con dulzura-. En el primer momento me asusté mucho, pero en cuanto supe a lo que me tenía que enfrentar, el miedo se disipó e hice mi trabajo como debía hacerlo. Para ti es igual. Mañana sabrás con qué te vas a enfrentar.

– No sé cómo puedes hacerlo -balbuceó Anna, y Jonas le tomó la otra mano.

– Anna…

Para sorpresa de Em, Anna retiró la mano de la de su hermano.

– ¡No!

– Yo sólo quería decirte que estoy aquí para apoyarte. Mañana te llevaré a las pruebas, y me voy a quedar en Bay Beach.

Sus palabras la extrañaron. -¿Por qué?

– Por ti -replicó él, pero Anna negó con la cabeza. -De ninguna manera, Jonas. No te necesito -con la mirada clavada en la mesa, se mordió el labio-. Nunca te he necesitado, como tampoco necesité a papá ni a Kevin. No tienes que quedarte por mí.

¿Qué se escondía detrás de esa actitud? Ahí había algo más que la rivalidad de un hermano hacia el compañero de su hermana.

Pero Jonas movía la cabeza y sonreía a Anna, como diciéndole que estuviera tranquila porque él no pretendía inmiscuirse. Porque las cosas se harían como ella quisiera.

– No seas estúpida. No me quedo por ti -le dijo.

– Me gustaría que dejaras de llamarme así… -inconscientemente, Anna apretó los puños hasta que se le vio el blanco de los nudillos a través de la piel. Em pensó que Anna estaba demasiado delgada. Y demasiado cansada y golpeada por la vida para lo joven que era.

– De acuerdo -Jonas dejó de sonreír. Se levantó, se paró detrás de Emily y le puso las manos sobre los hombros, mientras seguía hablando con su hermana-. No volveré a llamarte estúpida.



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