– ,¿Tienes algún motivo especial? -preguntó, por fin. Su voz era como un chillido de sorpresa. No parecía el tono de una doctora tratando de apaciguar a un loco. Él se echó a reír.

– No es necesario que te lo tomes como algo personal.

– No, claro -Em tosió para recuperar su tono normal-. Claro que no. Haces que tu hermana crea que estás enamorado de mí, y yo no tengo que tomármelo como algo personal.

– ¿,Tienes más trabajo pendiente para esta noche?

– No cambies de tema.

– No, pero, ¿tienes o no? -insistió Jonas-. Porque si tienes más visitas, puedo llevarte antes de que te deje de nuevo en el hospital.

– Para que puedas intercalar una escena de amor… -reprochó ella, y él se rió.

– Me has dado una idea.

– Una muy mala idea -contestó Em, fulminándolo con la mirada.

– ¿No apruebas hacer el amor?

– Sólo con alguien que me guste y en quien confíe.

– Vaya.

– Ya lo sabes. Llévame a casa.

– Sabes que tengo mis razones -aclaró él, y ella asintió.

– Supongo que sí. No puede ser que estés totalmente chiflado, o no te habrían dado el título de médico.

– Así es -dejó de sonreír-. Em, tú ya sabes que Anna no deja que me acerque a ella. He tenido que batallar mucho para llegar hasta aquí. Si no estuviera tan aterrorizada, no me habría dejado que la acompañara. Cuando vuelva a tranquilizarse, me dará de lado. Ella no me quiere.

– Supongo que tendrá sus motivos

– Puede ser.

Silencio. La risa se había apagado por completo, y el rostro de Jonas parecía triste. Em pensó que él no le diría nada si no se lo preguntaba. Ella era médico de familia, y estaba acostumbrada a hacer preguntas difíciles.

– ¿Y cuáles son sus motivos? -¿De veras quieres saberlos?

– Quiero saberlo todo sobre la familia de mi amante



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