«No todo es tan simple como él lo pinta», pensó Em mientras trataba de conciliar el sueño esa noche. Por fortuna, el hospital estaba tranquilo. A los gemelos de la noche anterior se los habían llevado en avión a Sydney. Las piedras de la vesícula de Henry Tozer, que la habían preocupado la noche anterior, se habían calmado, y la paz reinaba en todas las dependencias.

Bernard roncaba pacíficamente a los pies de la cama. Todo iba bien en su mundo.

Sin embargo, Em no podía dormirse, reflexionando sobre la promesa que acababa de hacer.

Si el bulto de Anna resultaba ser maligno, Jonas querría quedarse para la operación y, después, para la radioterapia y posible quimioterapia. Eso llevaría unos tres meses, por lo menos. Podía tenerlo allí tres meses.

Y todo ese tiempo estaría fingiendo que se quedaba por Em y no por Anna.

Eso estaba muy bien, pero ¿dónde la dejaba a ella?

Bernard se movió y ladró en sueños. Em lo levantó y lo abrazó, pero él se volvió a dormir en seguida. Lo dejó de nuevo a sus pies, volvió a acostarse y se acarició la trenza.

Tenía casi treinta años, se dijo, y allí estaba, en una cama pequeña, con un perro que sólo pasaba despierto un minuto al día. ¡Y eso era sólo para comer! De pronto, tuvo un impulso irresistible de deshacerse la trenza y sacar a Bernard y sus ronquidos fuera de la habitación.

– Pero no voy a hacerlo -le dijo al pobre perro viejo Tú eres mi fiel Bernard Heinz. Bay Beach necesita un médico con dedicación, y yo soy ese médico. Ahora que Charlie se ha marchado, tú eres el único hombre de mi vida, y así es como debe ser. Ahora y para siempre.

Para siempre…

CAPÍTULO 4

A LA MAÑANA siguiente, Em fue a Blairglen Já para ver a Anna al terminar sus pruebas. Sabía que Jonas estaba con ella, pero sentía la necesidad de estar allí también

Era martes, y los martes tenía un acuerdo con un médico que trabajaba en el sur de Bay Beach y que también tenía exceso de trabajo. El arreglo consistía en que él atendía las urgencias de Em los martes, y ella lo hacía por él los jueves. Así, esos días podían visitar a los pacientes en zonas alejadas donde los móviles no tenían cobertura, con la tranquilidad de que el equipo de enfermería tendría alguien a quien contactar en una emergencia.



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