
Y ese martes Em pudo pasar revista a los enfermos del hospital, visitar a un paciente en el extremo norte de su zona y luego acudir al hospital de Blairglen.
Cuando llegó al departamento de Rayos X, ya le habían hecho la mamografía a Anna. Como médico de cabecera, Em pidió que se la enseñaran, y el corazón se le cayó a los pies cuando la vio. No parecía un quiste.
«Por otra parte», se dijo, tratando de ser positiva, «es una masa firme y limitada. Aparte del pequeño bulto, no hay ninguna zona sospechosa».
– ¿Dónde está Anna ahora? -preguntó a la enfermera de turno, y ésta se lo indicó.
– Ya le han hecho la prueba de ultrasonido y ahora le están haciendo la biopsia -informó la enfermera-. Ella ya ha visto la radiografía y su hermano le ha explicado lo que significa. Es un hombre muy agradable, ¿verdad? Aún está con ella.
Sí que lo era, pero Em estaba concentrándose en Anna.
– ¿Puedo entrar?
– Claro -asintió la enfermera.
Cuando Em entró, Anna estaba tumbada en la camilla y le estaban practicando la biopsia. Podrían tener los resultados al final del día y sabría a qué atenerse, aunque no fuera lo que ella deseaba. Desde la puerta no podía ver bien a Anna, pero vio a Jonas enseguida. Él alzó la vista y ella pudo adivinar la consternación que sentía.
Em pensó que era imposible ser médico y hermano al mismo tiempo, y sintió que su corazón se volcaba hacia él. ¿Qué había dicho la enfermera? ¿Que él le había explicado la radiografía a Anna? Ese no era su trabajo.
Anna era lo importante. Em cruzó la sala hasta la camilla y agarró una mano de Anna, mientras los médicos seguían con su trabajo.
