
– ¡Es guapísimo! -exclamó Lori cuando Em llegó esa noche para curar las quemaduras de su pequeño paciente. Lori la estaba mirando mientras le cambiaba los vendajes a Robby y le hacía los ejercicios. Pero Lori no estaba pensando en Robby, sino en Jonas-. Es uno de los hombre más atractivos que he visto jamás -aseveró observando con interés cómo su amiga se ruborizaba y arqueaba las cejas-. ¡Eh! ¡Y tú también lo piensas!
– Claro, como que estoy a régimen de sexo -rebatió Em con una sonrisa. Estaba haciendo grandes esfuerzos para bromear-. He de reconocer que últimamente mi relación con el viejo Bernard está siendo un poco dura. Sus ronquidos están saliéndose de madre y, francamente, en comparación, Jonas Lunn no está mal del todo.
– En comparación con un chucho apolillado que sólo se dedica a dormir y que no sabe otra gracia que hacer que la gente se tropiece con él cuando menos lo espera. Vaya, eso es algo… – Lori miraba cómo Em masajeaba con suavidad las piernas de Robby-. Robby está evolucionando muy bien.
– Así es -contestó sonriéndole al bebé, que la miraba feliz y también sonreía. Robby sonreía incluso cuando le hacía daño, y al pensarlo, el corazón se le encogió. Maldición. Primero Robby y luego Jonas se estaban colando dentro de su corazón. Bernard tenía una competencia muy dura esos días.
– Desde mañana, Robby va a tener dos hermanos y una hermana -le comunicó Lori, y Em puso cara de sorpresa.
– ¿Quieres decir que los hijos de Anna van a venir aquí mientras la operan?
– Sí. Anna y Jonas vinieron hace dos horas a recoger a los niños y a organizar una estancia más larga para ellos. Al parecer, el cirujano quiere intervenirla lo antes posible y, ya que se ha decidido, no ve ninguna razón para posponerlo. Así que la operarán mañana. De hecho, a ella le habría gustado que lo hicieran esta misma tarde.
– No me extraña -dijo Em pensativa-. Así que Jonas te está endosando a los chicos.
