– Necesitas un poco de tiempo para recuperarte -dijo él para consolarla, y miró hacia afuera, dónde aún quedaba media docena de pacientes que habían decidido que lo suyo era suficientemente urgente para esperar. Después de hablar con la sobrina de Charlie y de que los de la funeraria se llevaran el cuerpo de Charlie, a esa doctora exhausta aún le quedaba mucho trabajo por hacer-. ¿Tienes a alguien que pueda suplirte?

Em tomó una bocanada de aire e intentó volver a la normalidad.

– No.

– Entonces, lo haré yo -le dijo él-. Soy cirujano. Aunque no estoy acostumbrado a este tipo de medicina, puedo hacerme cargo de los casos urgentes hasta que te recuperes un poco.

– ¿Eres cirujano? -preguntó asombrada. No se lo esperaba. Anna no tenía nada de dinero. Eso no tenía sentido.

– Soy cirujano a tiempo completo. Y soy hermano de Anna Lunn sólo cuando ella me deja -dijo y soltó una carcajada nerviosa-. Pero mis problemas pueden esperar. Puedo ver a tus pacientes y hacerme cargo de lo que sea urgente. Esperemos a que se lleven a Charlie con el debido respeto y hagamos un descanso para tomarnos un café. Lo único es…

– ¿Qué?

Él vaciló un momento.

– Me ha costado semanas conseguir que mi hermana viniera a verte -dijo con reticencia-. Tuvimos que dejar a los niños en la guardería de emergencia de la Residencia Bay Beach para venir. Si ahora la dejamos regresar a casa, no conseguiré que vuelva. ¿Podrías verla?

– Claro que sí.

– No está tan claro. Si lo haces, es a condición de que después me dejes atender tus casos urgentes. -No es necesario.

– Sí lo es.

Él se quedó mirándola fijamente. Em se preguntaba por qué la miraba así. Ella solía estar pálida, era alta y demasiado delgada. El pelo, largo y negro, lo llevaba trenzado a la espalda, lo que la hacía parecer aún más flaca. Tenía ojeras y sus ojos pardos estaban hundidos, reflejando su cansancio. Él podía ver que estaba cansada. Sus palabras lo confirmaron.



5 из 125