Y Stalin se murió. Y todo el mundo lo lloró. Todos excepto el camarada Beria, que leyó el panegírico como si fuera un anuncio del ferrocarril ante miles de histéricos gimientes y después rió con los muchachos.

Eso fue lo que se decía.

Pero Beria era un hombre inteligente, mucho más listo que tú, muchacho… a ti te hubiera merendado enseguida. Pero los listos siempre cometen errores porque piensan que todos los demás son estúpidos. Y no todos lo son. Algunos necesitan un poco más de tiempo, eso es todo.

El jefe pensaba que estaría veinte años en el poder y duró tres meses.

Un día de junio, a última hora de la mañana, cuando Rapava estaba de guardia con el equipo de siempre —Nadaraia, Sarsikov, Dumbadze—, avisaron que había una reunión especial del Presidium en la oficina de Malenkov en el Kremlin. Como era en el despacho de Malenkov, el jefe no sospechó nada. Malenkov era un oso tonto y el jefe lo tenía pillado.

Así que subió al coche para ir a la reunión. Ni siquiera llevaba corbata. Iba con la camisa abierta y un traje viejo y gastado. ¿Para qué iba a ponerse corbata? Hacía calor, Stalin estaba muerto, Moscú estaba llena de chicas y él estaría veinte años en el poder.

El cerezal del fondo del jardín había florecido hacía poco.

Llegaron al ala de Malenkov y el jefe subió a verlo, mientras ellos se quedaban en la antesala, junto a la entrada. Uno por uno fueron llegando todos los peces gordos, todos los camaradas de los que Beria se reía por detrás: el viejo «Culo de Piedra» Molotov y aquel paleto gordo de Jruschov, el tontainas Voroshilov, y por último el engreído pavo real del mariscal Zhukov con todas sus medallas y cintas. Subieron todos y Nadaraia se frotó las manos y le dijo a Rapava:

—Bueno, Papú Gerasimovich, ¿por qué no vas a la cantina a traernos café?

Pasaban las horas y Nadaraia de vez en cuando subía para ver qué sucedía, y siempre volvía con el mismo mensaje: la reunión continuaba. ¿Qué tenía de raro? No era extraño que el Presidium se reuniera durante horas. Pero a las ocho de la tarde el jefe de guardaespaldas parecía preocupado, y a las diez, cuando caía la noche de verano, les dijo que subieran.



19 из 353