
Había tenido una época muy buena compartiendo piso con Alissa y con Elinor, pero ambas amigas se habían casado, habían formado sus familias y se habían ido a vivir al extranjero. Evidentemente, no se veían muy a menudo. En una de las visitas que Lindy les había hecho a Elinor y a Jasim en su casa de campo, se había enamorado perdidamente de la Naturaleza. En cuanto había encontrado un alquiler que había podido pagar, se había lanzado y había dejado la ciudad. Ahora vivía en una pequeña casa de campo situada en un extremo de una gran propiedad, se ganaba la vida con cosas que le gustaban, como plantar lavanda y rosas y fabricar velas y popurrí artesanales que vendía bastante bien por Internet.
Cuando su cuenta bancaria así se lo exigía, aceptaba trabajos de media jornada, pero real-mente dedicaba casi todo su tiempo libre a ayudar en el refugio de animales de la zona. Se había llevado a casa a dos perros a los que había bautizado Samson y Sausage.
Sus amigos le solían decir que estaba tirando su juventud por la borda, pero ella era feliz en aquella casa, llevando una vida sencilla que le permitía necesitar poco dinero para vivir y tener mucho tiempo para ella misma y para los demás.
Por supuesto, en todos los paraísos hay una serpiente. La suya era Atreus Dionides, el nuevo y multimillonario propietario de Chantry House, una fabulosa mansión georgiana que era una joya y que tenía una finca maravillosa. Por su culpa, Lindy no podía vagar por ahí como se le antojara. La única vez en la que se habían visto, había sido tan humillante, que se estaba planteando la posibilidad de irse.
